Estaba equivocada. Durante mucho tiempo he pensado que tenía miedo a la estabilidad. ¿Cómo se puede tener miedo al equilibrio? El problema es que el adjetivo estable se coloca detrás de palabras tan sobredimensionadas como cotidianas: trabajo estable, pareja estable, vida estable… Y muchos las dicen utilizando un tono tan malicioso que, cuando entran en tu oído, se traducen inmediatamente: trabajo de mierda, pareja aburrida, vida monótona… Que no os engañen: el lobo no es tan fiero como lo pintan.
Hoy me han hecho reflexionar sobre un término que sí pone los pelos de punta: la estaticidad. Ser estático es permanecer en un mismo estado, no cambiar. Y yo llevo jugando al pilla-pilla con esta idea desde que me conozco. Lo gracioso es que no me la habían presentado como se debe.

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